viernes, 19 de noviembre de 2010

Los callejones de Heidelberg

Heidelberg

De Heidelberg hay que decir que es pequeñísima si se le compara con las grandes urbes turísticas de Europa pero ésto no tiene que ser un pero sino más que nada resulta una gratificación ya que la ciudad se deja conocer en uno o en pocos días. Su flujo comercial y cultural corre casi en exclusiva a través del kilómetro y medio de su peatonal "Hauptstrasse" y de los estrechos callejones o Gasses que la intercalan.

La atmósfera en la "Hauptstrasse" es electrizante y por temporadas hasta muy parecida a la de un bazar turco. Aquí se encuentran tiendas de todos los estilos y tamaños como los visitados almacenes de moda Kraus hasta la surtida vinoteca Weinhaus Horn. Las chocolaterías y casas de té no se dejan ni buscar y los amantes de los libros encuentran aquí su paraíso.

Para amainar el hambre que da el comprar, comprar y comprar no faltan los cafés y restaurantes temáticos como el italiano Pop donde su decoración Walhoriana entretiene al hambre o el Hemingway`s desde cuya terraza se puede disfrutar de la vista del río Neckar. En el bar estudiantil Zum Sepp o el tradicional Hörchen la pausa se disfruta entre acentos de todo el mundo.

Una mezcla gastronómica más exótica se encuentra en la calle Probst, paralela a la principal. Aquí no es raro encontrar una cantina tailandesa al lado de una trattoria italiana.

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Bilingüismo total

A la hora de comprar descubrirá también otra de las ventajas que ofrece Heidelberg, su popular bilingüismo, algo poco común en Alemania. Este es el fruto de la estrecha convivencia entre los nativos, los miles de estudiantes de todo el mundo que asisten a la Universidad y los soldados que residen junto a sus familias en las bases que rodean los diversos centros de comando que tiene el Ejercito americano en Heidelberg.

Si se tiene el interés en profundizar en las épocas históricas y culturales de la ciudad una buena opción es recurrir al servicio de visitas guiadas que ofrece el Heidelberger-Gaestefuehrer www.heidelberger.gaestefuehrer.de. Por un módico precio un guía recuenta en el idioma seleccionado los aspectos más interesantes de la ciudad.

Pero para iniciar el paseo por Heidelberg lo principal es tener buenos zapatos ya que la calle peatonal más larga de Europa le parecerá infinita. Esta se inicia en la histórica Plaza de Bismark en dirección al alma joven de Heidelberg, la Universidad Ruprecht-Karl, la más antigua de Alemania fundada en el 1386.

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En la Plaza de la Universidad reserve una visita al edificio de la Biblioteca para apreciar la fachada renacentista en piedra caliza roja y al aula de la Vieja Universidad con sus hermosos frescos en el techo. Aunque la universidad tiene su centro histórico en esta plaza, muchas de sus facultades se han extendido y repartido la atmósfera estudiantil por los más diversos rincones de Heidelberg.

Saliendo de la plaza de la Universidad se topará en la esquina con la tradicional tienda Käthe Wohlfahrt donde encontrará las más hermosas artesanías y decoraciones navideñas alemanas. Camine en dirección a la Marktplatz o plaza del mercado de Heidelberg donde encontrará un gran número de tiendas de recordatorios de la región cobijadas a la sombra de la imponente Heiliggeistkirche o Iglesia del Espíritu Santo. Una foto a la elaborada fachada del Hotel Zum Ritter, el más antiguo de Heidelberg será su mejor recordatorio de esta plaza.

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Desde ese extremo de la Hauptstrasse se comienza a apreciar el otro gran rasgo de Heidelberg, las elevadas ruinas de su castillo al pie de la montaña Königstuhl o sillón del rey. Si su condición física se lo permite atrévase a hacer a pie el jaldoso recorrido de unos 15 minutos pero si prefiere la comodidad, el funicular más moderno y antiguo de Alemania lo puede llevar.

Clásico y moderno

Esa simbiosis entre los clásico y lo moderno de Heidelberg se repite subiendo este recorrido de kilómetro y medio en su funicular. Inaugurado en el 1890 los modernos vagones del primer tramo de la subida lo llevan hasta las ruinas del castillo y sus jardines. La parte más alta del trayecto se hace en los antiguos vagones de madera hasta la cima del Könistuhl.

Desde las ruinas del castillo se puede apreciar una de las vistas más hermosas de la ciudad enmarcada ésta por el río Neckar y por las colinas del bosque Odenwald. Sobre las ruinas es importante conocer que el castillo fue destruido en múltiples guerras, siendo la definitiva en el 1693. Después de disfrutar de la imponente vista, dé un paseo por sus hermosos jardines y visite el Museo de la Farmacia que se encuentra entre sus muros. La pausa la puede tomar en la taberna del castillo en donde podrá ver el último de los cuatro gigantescos barriles de vino que ha albergado el castillo. Con cabida para 219,000 litros éste es el más grande del mundo.

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Tras bajar del castillo si los pies aún aguantan, le recomendamos cruzar el puente viejo de Heidelberg, descrito por Goethe como el más hermoso del mundo, y echarle un vistazo a sus imponentes torres y a la escultura metálica del Brückenaffe, un mono con un espejo dorado en la mano, una replica de la original del siglo 15. Pero no se acerque mucho al espejo ya que según el mono en él encontrará otro ejemplar de su especie.

Ya en la otra orilla emprenda el camino de los filósofos o Philosophenweg, una agradable caminata botánica desde cuyo punto más alto podrá disfrutar de la imagen de postal que forman las ruinas del castillo, el antiguo puente y el casco antiguo de Heidelberg.

Si los pies aún le aguantan, reserve la noche para disfrutar de la dinámica vida nocturna de la ciudad. Con un poco de suerte y se encuentra en su camino a un soldado boricua que le enseñará alguna de las sorpresas que guarda Heidelberg para sus huéspedes más curiosos.

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